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Dos historias muy diferentes. Superación y Derrota

Artículo 06-05-13

Seguro que conoces ambas historias, de todas maneras vamos aprovechar para trabajar tu memoria a largo plazo y tu atención.

En la primera historia el personaje había sido un hombre alegre, un hombre despreocupado con una posición laboral envidiable (editor jefe de la revista de moda francesa ELLE), una persona libre y con muchas ganas de vivir, un luchador que disfrutaba de una plácida y acomodada vida.

El 8 de diciembre de 1995, con una edad de 43 años, fue sorprendido por un accidente cerebrovascular. Un fatídico accidente que le dejó postrado y sin movilidad alguna durante los siguientes dos años. Todo su cuerpo paralizado, puede pensar, escuchar y el único órgano que mueve es su ojo izquierdo. Su ojo izquierdo es su boca, su lengua, su forma de expresión y comunicación con el exterior. Jean-Dominique Bauby se aferró a la vida, superando la barrera que le impedía comunicarse, que le impedía trasmitirnos sus emociones, su pesar. Gracias a su actitud adquirió nuevas habilidades de comunicación, gracias a  sus terapeutas y a su logopeda, escribió un libro con el parpadeo de su ojo izquierdo, el título “La escafandra y la mariposa”.

 Jean-Dominique-Bauby-dictando-con-parpadeos-a-Claude-Mendibil-Wikimedia-commons

En la segunda historia el personaje había sido un hombre emprendedor, con ganas de conocer mundo lo que le llevó a enrolarse en la marina mercante. Una persona inquieta, alegre y joven del noroeste de España.

A la edad de 25 años sufrió un desafortunado accidente, con la fatal consecuencia de una tetraplejía. Conociendo su destino, postrado en una cama, decidió luchar por su muerte. Ramón Sampedro, fue el primer español en pedir el suicidio asistido. Escribió dos libros, ‘Cartas desde el Infierno’ y ‘Cando eu caia’

Ramón Sampedro

Dos historias muy diferentes, una de superación y otra de derrota.

Jean-Dominique Bauby luchó por su vida, por la adaptación, por superar sus barreras perdiendo su vida dos años después del accidente.

Ramón Sampedro luchó por su muerte, no se adaptó, no superó sus barreras y no perdió la vida, se la quitó.

Nuestra disciplina es esencial para abordar ambos sucesos. Nosotros somos terapeutas ocupacionales, nosotros adaptamos, reeducamos, motivamos, hacemos nacer la superación en el interior de las personas, nosotros somos humanos. Enseñamos a vivir la vida.

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